Enclavado en medio de una selva tropical y rodeado por una rica variedad animal y vegetal, se encuentra este pequeño-gran paraíso.  Para los amantes del ecoturismo, el Parque Tayrona, es un destino que no defrauda a quien se encamina en la aventura. Es reconocido como uno de los parques naturales más impresionantes  de Colombia, y a mi parecer, del mundo.

Sus primeros pobladores, los indios tayronas habitaron en estas tierras alrededor de los años 800 hasta 1.600, construyendo un vasto y organizado sistema comercial, religioso y de vida, por lo que, con la llegada de los conquistadores, lucharon hasta la muerte por mantener el dominio del lugar y su cultura. De ellos, aún se conservan desde costumbres gastronómicas y de vestimenta  hasta restos arqueológicos de ciudades. Las más interesantes de ellas, Pueblito y La Ciudad Perdida.

Ubicado en el Departamento de Magdalena, a media hora de la ciudad de Santa Marta, el Parque Tayrona posee una extensión de 225 kilómetros cuadrados que se distribuyen en regiones con diferentes pisos térmicos que van desde el nivel del mar, que alcanza a corta distancia de la orilla gran profundidad, hasta alturas de 900 m. Al recorrerlo desde su entrada, en Cañaveral hasta el Cabo de San Juan de Guía, diera la impresión de cruzar diferentes lugares: selvas y montañas, playas y arrecifes, paisajes que parecieran cambiar a antojo de una voluntad divina, colocando rocas gigantes a destajo, dibujando con pinceles verdes, aguas cristalinas de fuerte oleaje o tan calmas como la que a esa característica debe su nombre (La Piscina).


La limitación de su acceso terrestre resulta ser una ventaja, pues la convierte en un punto menos turístico, más preservado para los amantes de la naturaleza y la aventura. Se puede accesar  al Tayrona a pie o con caballos o mulas. Los últimos resultan  muy útiles, cuando el equipaje de acampamiento es pesado como para hacer la caminata con el equipo a cuestas.

La distancia del recorrido depende del lugar donde se decida pernoctar. Los puntos más recomendados son: la Finca de San Pedro, Arrecifes, La Piscina y el Cabo. Todos ellos, integrados a la madre pachamama, sencillos espacios verdes para instalar carpas o chozas para colgar hamacas. Gracias a esto sus visitantes terminan confluyendo, dando oportunidad de conocer y convivir con personas de diferentes puntos de Colombia y el mundo.


No he conocido aún la primera persona, de muchas que conozco a través de los años que hayan visitado el Tayrona, que no hayan sido seducidos por su belleza y magia. Cada experiencia es única, la mía en este paraíso terrenal, fue superior de lo que estas palabras y fotos pueden describir.



4 comentarios:

Ramón Ricardo dijo...

Que hermoso trabajo, me traen tus palabras y las fotos atrapan, gracias Vivi, te la comiste, con este foto reportaje turístico, genial!!!!!

®Fer dijo...

Bendigo el privilegio de eternizar, como diria nuestro amigo Eduardo Arevalo, un paraiso como ése. Hermosisimas imagenes. Felicitaciones.

felicemcc dijo...

Wow! Excelentes fotos y mejor descripción... Me encantó el artículo, a ver si al volver a Venezuela me animo tambien a conocer parte de las vecindades, Sur América es definitivamente una tierra colmada de bendiciones!

Gracias Vivi!

Mariana Ferrer Mello dijo...

Excelente artículo eco-turístico. Deberías tomartelo como trabajo, en serio. Además, las fotos son mucho con demasiado amiga.
Éxitos en esta faceta, que definitivamente va contigo, en lo profesional y en lo personal.